La anexión de Colombia a Estados Unidos

Fidel Castro Ruz

Cualquier persona medianamente informada comprende de inmediato que el edulcorado “Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos”, firmado el 30 de octubre y publicado en la tarde del 2 de noviembre, equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos.

El acuerdo pone en aprietos a teóricos y políticos. No es honesto guardar silencio ahora y hablar después sobre soberanía, democracia, derechos humanos, libertad de opinión y otras delicias, cuando un país es devorado por el imperio con la misma facilidad con que un lagarto captura una mosca. Se trata del pueblo colombiano, abnegado, trabajador y luchador. Busqué en el largo mamotreto una justificación digerible, y no vi razón alguna.

En 48 páginas de 21 líneas, cinco se dedican a filosofar sobre los antecedentes de la vergonzosa absorción que convierte a Colombia en territorio de ultramar. Todas se basan en los acuerdos suscritos con Estados Unidos después del asesinato del prestigioso líder progresista Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, y la creación de la Organización de Estados Americanos, el 30 de abril de 1948, discutida por los Cancilleres del hemisferio, reunidos en Bogotá bajo la batuta de Estados Unidos los días trágicos en que la oligarquía colombiana tronchó la vida de aquel dirigente y desató la lucha armada en ese país.

Photobucket

El Acuerdo de Asistencia Militar entre la República de Colombia y los Estados Unidos, en abril de 1952; el relacionado con “una Misión del Ejército, una Misión Naval y una Misión Aérea de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos”, suscrito el 7 de octubre de 1974; la Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, de 1988; la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, de 2000; la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad, de 2001, y la Carta Democrática Interamericana; la de Política de Defensa y Seguridad Democrática, y otras que se invocan en el citado documento. Ninguna justifica convertir un país de 1 141 748 kilómetros cuadrados, ubicado en el corazón de Suramérica, en base militar de Estados Unidos. Colombia posee 1,6 veces el territorio de Texas, segundo Estado de la Unión en extensión territorial, arrebatado a México, que después sirvió de base para conquistar a sangre y fuego más de la mitad de ese hermano país.

Por otro lado, han transcurrido ya 59 años desde que soldados colombianos fueron enviados a la distante Asia para combatir junto a las tropas yankis contra chinos y coreanos en octubre de 1950. Lo que el imperio pretende ahora es enviarlos a luchar contra sus hermanos venezolanos, ecuatorianos y otros pueblos bolivarianos y del ALBA, para aplastar la Revolución Venezolana, como trataron de hacer con la Revolución Cubana en abril de 1961.

Durante más de un año y medio, antes de la invasión, el gobierno yanki promovió, armó y utilizó las bandas contrarrevolucionarias del Escambray, como hoy utiliza a los paramilitares colombianos contra Venezuela.

Cuando el ataque de Girón, los B-26 yankis tripulados por mercenarios operaron desde Nicaragua, sus aviones de combate eran transportados hacia la zona de operaciones en un portaaviones, y los invasores de origen cubano que desembarcaron en aquel punto venían escoltados por buques de guerra y la infantería de marina de Estados Unidos. Hoy sus medios de guerra y sus tropas estarán en Colombia, no sólo como una amenaza para Venezuela sino para todos los Estados de Centro y Suramérica.

Es realmente cínico proclamar que el infame acuerdo es una necesidad de la lucha contra el tráfico de drogas y el terrorismo internacional. Cuba ha demostrado que no se necesitan tropas extranjeras para evitar el cultivo y el tráfico de drogas y mantener el orden interno, a pesar de que Estados Unidos, la potencia más poderosa de la tierra, promovió, financió y armó durante decenas de años las acciones terroristas contra la Revolución Cubana.

La paz interna es prerrogativa elemental de cada Estado; la presencia de tropas yankis en cualquier país de América Latina con ese propósito es una descarada intervención extranjera en sus asuntos internos, que inevitablemente provocará el rechazo de su población.

La lectura del documento demuestra que no sólo las bases aéreas colombianas se ponen en manos de los yankis, sino también los aeropuertos civiles y en definitiva cualquier instalación útil a sus fuerzas armadas. El espacio radioeléctrico queda también a disposición de ese país portador de otra cultura y otros intereses que nada tienen que ver con los de la población colombiana.

Las Fuerzas Armadas norteamericanas disfrutarán de prerrogativas excepcionales.

En cualquier parte de Colombia los ocupantes pueden cometer delitos contra las familias, los bienes y las leyes colombianas, sin tener que responder ante las autoridades del país; a no pocos lugares llevaron los escándalos y las enfermedades, como hicieron con la base militar de Palmerola, en Honduras. En Cuba, cuando visitaban la neocolonia, se sentaron a horcajadas sobre el cuello de la estatua de José Martí, en el Parque Central de la Capital. La limitación relacionada con el número total de soldados puede ser modificada por solicitud de Estados Unidos, sin restricción alguna. Los portaaviones y barcos de guerra que visiten las bases navales concedidas llevarán cuantos tripulantes requieran, y pueden ser miles en uno solo de sus grandes portaaviones.

El Acuerdo se extenderá por períodos sucesivos de 10 años, y nadie puede modificarlo sino al final de cada período, advirtiéndolo un año antes. ¿Qué hará Estados Unidos si un gobierno como el de Johnson, Nixon, Reagan, Bush padre o Bush hijo y otros similares, recibe la solicitud de abandonar Colombia? Los yankis fueron capaces de derrocar decenas de gobiernos en nuestro hemisferio. ¿Cuánto duraría un gobierno en Colombia si anunciara tales propósitos?

Los políticos de América Latina tienen ahora ante sí un delicado problema: el deber elemental de explicar sus puntos de vista sobre el documento de anexión. Comprendo que lo que ocurre en este instante decisivo de Honduras ocupe la atención de los medios de divulgación y los Ministros de Relaciones Exteriores de este hemisferio, pero el gravísimo y trascendente problema que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los gobiernos latinoamericanos.

No albergo la menor duda sobre la reacción de los pueblos; sentirán el puñal que se clava en lo más profundo de sus sentimientos, en especial el de Colombia: ¡se opondrán, jamás se resignarán a tal infamia!

El mundo enfrenta hoy graves y urgentes problemas. El cambio climático amenaza a toda la humanidad. Líderes de Europa casi imploran de rodillas algún acuerdo en Copenhague que evite la catástrofe. Presentan como realidad que en la Cumbre no se alcanzará el objetivo de un convenio que reduzca drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero. Prometen proseguir la lucha por alcanzarlo antes de 2012; existe riesgo real de que no pueda lograrse antes de que sea demasiado tarde.

Los países del Tercer Mundo reclaman con razón a los más desarrollados y ricos cientos de miles de millones de dólares anuales para costear los gastos de la batalla climática.

¿Tiene algún sentido que el gobierno de Estados Unidos invierta tiempo y dinero en construir bases militares en Colombia para imponer a nuestros pueblos su odiosa tiranía? Por ese camino, si un desastre amenaza al mundo, un desastre mayor y más rápido amenaza al imperio, y todo sería consecuencia del mismo sistema de explotación y saqueo del planeta.

La guerra contra el mapuche o la increíble historia de la democracia terrorista

Tito Tricot
Rebelión

En la profunda oscuridad de los ojos del lonko de Neltume se dibujaba una tristeza de siglos. Es como si llevara a cuestas el dolor de su pueblo en aquella mirada oscura, pero de una ternura tan abrumadora que desnudaba el alma y el corazón se te arremolinaba en la garganta, aunque no quisieras. Y uno no sabía si abrazarlo para pedirle perdón por todos los crímenes del Chile racista, o guardar un silencio de muerte hasta que las lágrimas brotaran solitas de pura pena. Pero, en su inmensa generosidad mapuche, aquel anciano nos regaló una sonrisa antigua y en ese mismo instante un choroy sobrevoló el cerro en un fulgente vuelo. Y yo pensaba en las noches estrelladas de aquel mapuche cordillerano y de sus padres y de sus abuelos, que habían vivido en la misma ruka oteando el lago añil. Y pensaba en los chilenos y en los colonos foráneos que, de a poco o de un solo golpe mortal, les habían arrebatado sus tierras. A sangre y fuego les declararon la guerra, porque les molestaba el olor a humo, no soportaban su orgullosa morenidad y no podían tolerar su indianidad.

Entonces simplemente había que someterlos, reducirlos, dividirlos, exterminarlos para que jamás nunca les recordaran al chileno sus raíces de tierra. Pero la tierra se te pega al cuerpo, te entra por la nariz, se te posa en el vientre, te insufla los pulmones, te desordena el pelo y te acaricia la mirada. Y, a pesar de todo, volvemos a ser mapuche, aunque no les guste a algunos y les moleste a otros tantos. Y esos algunos y esos tantos, declaran nuevamente la guerra a muerte contra el pueblo mapuche y lo seguirán haciendo por los siglos de los siglos hasta que la muerte los separe. La muerte del indio, por cierto, por eso no trepidan en asesinar a mapuche que, en medio de la noche, ven estallar sus sueños de libertad en un explosión de relámpagos con un balazo incrustado en la espalda. Como matan los cobardes, como asesina Carabineros de Chile en nombre del Estado de Derecho y del orden social.

Photobucket

Y esta es la increíble historia de una democracia terrorista que viola impunemente los derechos humanos, porque los mapuche son humanos sin derechos en una sociedad donde tantos hombres y mujeres arriesgaron su familia, su integridad física e incluso sus vidas en la lucha contra la dictadura, para que jamás nunca en Chile se enseñoreara nuevamente el terror. Sin embargo, eso es precisamente lo que acontece en territorio mapuche. En las comunidades los niños viven aterrados por los allanamientos, las golpizas, las amenazas, las detenciones, las muertes. La violencia y odio policiales son omnipresentes, así como la incertidumbre y la imposibilidad de llevar una vida normal mientras el Estado les hace la guerra con helicópteros, tanquetas, bombas lacrimógenas, zorrillos, balines de goma y armamento militar. Al mapuche se le acusa de terrorismo, pero los únicos muertos del supuesto extremismo mapuche, son ¡mapuche! Entonces, uno no puede menos que reflexionar al respecto y preguntarse: ¿No hay aquí algo extraño? ¿No será que el gobierno y los medios de comunicación dominantes no dicen toda la verdad. Y, la verdad son preguntas con respuestas.

Preguntas con respuestas


¿Cómo se puede hablar de terrorismo mapuche en esta última década, cuándo las utilidades de la industria forestal se incrementaron desde 1.800 millones de dólares en 1997 a la sideral suma de 5 mil millones de dólares el 2008?

¿Cómo se puede hablar de caos y de imposibilidad de inversión en la región de la Araucanía cuando las empresas forestales han aumentado la superficie plantada desde 300 mil hectáreas en los años setenta a 2.5 millones de hectáreas en la actualidad?

¿Cómo se puede argumentar que el mapuche no tiene derecho a tierra cuando el Estado chileno, mediante la violenta ocupación militar del territorio mapuche en 1881 le usurpó el 90% de sus tierras?

A la machi Adriana Ancamilla, autoridad religiosa y sanadora mapuche, se le allana en su comunidad José Kiñon, se la golpea y se le humilla, atándola frente a sus hijos y dejándola tirada en el suelo ¿Qué pasaría si los mapuche hicieran lo mismo con el cardenal Francisco Javier Errázuriz y lo dejaran inerte en medio de la Plaza de Armas de Santiago?

En el Alto Bio- Bio construyeron la represa Ralko que inundó un cementerio sagrado pewenche ¿Qué pasaría si los mapuche hicieran lo mismo con el Cementerio general en Santiago?

En Liquiñe y Neltume van a construir cinco represas que destruirán al menos un guillatuwe, lugar sagrado ceremonial mapuche ¿Qué pasaría si los mapuche hicieran lo mismo y destruyeran la catedral de Santiago o cualquier iglesia de Chile?

A Alex Lemún, de tan sólo diecisiete años, lo mataron de un balazo en la cabeza; a Matías Catrileo y Jaime Mendoza los asesinaron por la espalda y argumentando legítima defensa ¿Qué pasaría si los mapuche mataran a policías por la espalda y arguyeran legítima defensa?

Las respuestas son de perogrullo: todo el peso de la ley, de la fuerza y del odio caerían sobre los mapuche, pues en este país hay ciudadanos de primera y segunda categoría y los mapuche son, sin duda, los más excluidos de los excluidos, los más discriminados de los discriminados, los más pobres de los pobres. La verdad es que no hay, ni nunca ha habido, terrorismo mapuche; la verdad es que el Estado está al servicio y es agente activo del modelo neoliberal y el mapuche molesta a las grandes empresas generadoras de energía, a las mineras, a las forestales, entonces simplemente hay que exterminarlos en nombre de la civilización, la modernidad o del mercado. Da lo mismo, por eso inventan aquello del conflicto mapuche que, en rigor, es el conflicto del chileno contra el mapuche.

Por eso, en el pozo de sus ojos azabache, el lonko de Neltume lleva a cuestas el dolor antiguo de su pueblo. Y yo llevo en mi corazón la vergüenza de ser chileno sin tener culpa alguna por los crímenes cometidos por otros. Y, además, me abruma el desconcierto por no entender la increíble historia de esta democracia terrorista que prometió alegría y que sembró violencia.

El Uruguay de Pepe Mujica

Antonio Peredo Leigue
Alai-amlatina
El domingo próximo, 25 de octubre, se realizarán las elecciones presidenciales en el Uruguay. El candidato favorito, que todas las encuestas señalan como primero con más del 40% de la intención de voto, es Pepe Mujica, uno de los primeros tupamaros, uno de aquellos dirigentes históricos que organizaron el Movimiento de Liberación Nacional. Fue también, con Raúl Sendic, uno de los rehenes que el régimen mantuvo en condiciones de encierro malsano y de aislamiento total por más de una década.

Quienes seguimos con expectativa el desarrollo del acontecer latinoamericano, sentimos una alegría profunda a la hora en que fueron liberados, el año 1985. Pero, además, nos preguntamos entonces qué papel jugarían en la democracia que, tímidamente, se insinuaba en Nuestra América. Esos dirigentes: Sendic, Mujica, Huidobro, Marenales, estuvieron aislados durante 14 años. Fueron rehenes, sujetos a las peores condiciones carcelarias y, además, sin acceso a la información. Pero, por sobre todo, superando esas extremas limitaciones, nos demostraron que estaban conscientes de la realidad que vivía nuestro continente, cada uno nuestros países y, como era de esperar, su entrañable Uruguay.

Y ahora, Mujica, será presidente de ese país donde nació hace 75 años, donde militó siempre con su pueblo, donde entregó todo de sí por la liberación nacional, donde sufrió una prisión bárbara como rehén, donde finalmente se casó con una compañera combatiente como él y donde, con todo ese historial, mostró que la vida vale la pena vivirla. Mujica será el segundo presidente de las filas del Frente Amplio. ¿Cómo es que su vida lo ha llevado hasta ese punto?, ¿no será que dejó atrás las experiencias de los sesenta y está dispuesto a amoldarse al modelo? Esa, al menos, es la imagen que quisieron darme un par de jóvenes uruguayos que quieren luchar por la revolución socialista en su país. Para ellos, el Frente Amplio, ya no representa esa opción, si es que alguna vez la tuvo y, lo mismo Pepe Mujica que Tabaré Vásquez, seguirán sosteniendo el modelo neoliberal. Por supuesto, aquella pareja, había llegado a Bolivia con gran entusiasmo por el proceso que se está desarrollando aquí.

Photobucket

La realidad, en todo caso, es diferente. No se puede hacer lo mismo aquí que allí. Son realidades distintas. Realidades que deben ser tomadas con cautela. Tengo en mi mano un texto que dice precisamente eso. Se llama “Raúl Sendic, el primer Tupamaro” escrito por Sergio Góngora. Fue escrito en 2006 y la primera edición salió en abril de 2007. El prólogo fue escrito por Pepe Mujica, cuando no había ningún atisbo de que fuese candidato presidencial y, más bien, había dejado el gobierno para retornar al Senado Nacional.

Como el libro se refiere a Sendic, es lógico que el prólogo hable también de él. Mujica, refiriéndose a quien fue su jefe de toda la v ida, dice: “Era muy heterodoxo, tenía una cabeza terriblemente abierta, tanto que daba miedo. Porque también los hombres de izquierda inventan su Biblia. Y después creen en ella, aunque la realidad les esté rompiendo la cabeza. Es casi una actitud humana el ser un tanto conservadores y es muy difícil mantener la frescura, poder remover y remover las neuronas”.

En realidad, lo que hace Pepe en ese prólogo, que se extiende a lo largo de seis páginas, es retratarse. Porque, junto con Sendic, enfrentaron esa nueva realidad que la dictadura les había arrebatado durante 14 años y supieron fijar la línea correcta. Hubiese sido simple salir de su condición de rehenes gritando las viejas consignas del MLN Tupamaros. Hubiesen brillado en ese Uruguay que salía lentamente de la dictadura, aunque fuese sólo para recordar los tiempos heroicos. Eso es simple. Pero, como en los primeros tiempos de las marchas campesinas, como en la época de las “tatuceras”, buscaron el camino difícil de plantear la reconstrucción de su país trizado por las dictaduras civiles y militares que se turnaron desde Pacheco Areco hasta Álvarez, pasando por Bordaberry, Aparicio Méndez y otros más.

Es así que, Pepe Mujica, se plantea: “Porque cuanto más veteranos, más pacientes. Esta lucha no es para ‘apuraditos’. Esta lucha es para consecuentes”. ¿De qué lucha nos está hablando? Nos habla de: “Creo en las ideas fundamentales –porque de lo contrario sería no creer en la vida-, pero hay que tener la audacia de revisarlo todo”. Él tiene en cuenta que “si se pierde el camino al corazón de las masas, todo lo demás es mera filosofía militante de boliche”.

En esas condiciones, el Pepe sostiene: “Ningún pueblo va a salir adelante si no acumula trabajo, si no reparte el fruto de un trabajo real, y sobre todo cuando hay que tapar en lo inmediato la brecha social, no de los que tienen algún trabajo, de la brecha social de los que no tienen nada. Y esos deben estar primero”.

¡Cómo se agranda Mujica sentenciando! “No nos espera ningún paraíso, sobre todo a los viejos, sino salir del infierno y cultivar la esperanza, que es una cosa distinta”.

No sé si será suficiente para los jóvenes que, como corresponde, son impacientes, son ‘apuraditos’ como diría el Pepe. Así fuimos todos y qué bueno que fuimos así. La cosecha de esos tiempos tempranos, se hará cuando llegue el momento. Pero las semillas fueron sembradas. Aquí también; aquí, en Bolivia. Sembraron Tupac Katari y Bartolina Sisa. Lo hizo Zárate Willca y el pueblo combatiente en 1952. Fueron el Che Guevara y los guerrilleros en los años 60 y 70. Fueron los cochabambinos en 2000 y los alteños en 2003.

Es larga la lucha porque al final, según el Pepe, la prolongación de nuestra vida es la prolongación de la lucha del pueblo, y la lucha del pueblo necesita muchos hijos, miles de hijos. Miles de nietos que levanten las banderas de esperanza allí donde los hombres y las mujeres aflojan por el dolor y por el peso de la vida, y dando siempre gracias a la v ida que nos ha regalado tanto.

Antonio Peredo Leigue es periodista, senador del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia.

"Acceso a la educación superior: el mérito y la (re)producción de la desigualdad - CESCC-OPECH"

acceso a la educación superior en Chile - OPECH

"Evo Morales: despertar indígena" - Malú Sierra y Elizabeth Subercasaux

Evo Morales Despertar Indigena - M Sierra E Subercasaux

Ante declaraciones anti-peruanas del candidato a diputado por Santiago, Cristian Espejo (UDI)

COMUNICADO
SECRETARÍA CIUDADANA DE MIGRANTES EN CHILE

A raíz de las declaraciones del candidato a Diputado de la Unión Demócrata Independiente – UDI por Santiago, señor Cristián Espejo, en contra de la Comunidad Peruana, manifestamos públicamente al país y la comunidad internacional lo siguiente:

1. Las declaraciones públicas del señor Espejo en el sentido que la situación de los ciudadanos peruanos en Chile "se ha transformado en una mala migración", haciendo hincapié en la situación que se da en algunos consultorios de la capital, donde éstos supuestamente "desplazan a los chilenos… La gran cantidad de residentes ilegales peruanos en la comuna ha provocado que muchas personas no puedan recibir la atención médica necesaria… quedan fuera de los consultorios un gran número de nacionales", constituyen un objetivo atentado a la más mínima e imprescindible responsabilidad social y ética que debe mantener quien postula como candidato a ser autoridad política de servicio público, al reproducir públicamente prejuicios, estereotipos y xenofobia en contra de la comunidad peruana en Chile, con la incontestable consecuencia de despertar y/o alimentar en sectores de la población chilena las pasiones y discursos más egoístas y destructivas, los anti-valores y las actitudes irreflexivas de tipo chauvinistas y anti inmigratorias del todo disociadoras y peligrosas socialmente.

2. El nazi-fascismo europeo, los bestiales genocidios étnicos en la ex-Yugoslavia y la latencia de la deuda histórico-moral de los Estados–Nación de la región con nuestros pueblos originarios, emergida con fuerza en la actualidad, entre muchos otros ejemplos, muestran incontestablemente que la tentación de caer en estas actitudes y discursos con la inequívoca intencionalidad de obtener dividendos electorales inmediatos, trae inevitablemente aparejado el precio de rebajar la cultura y capacidad reflexiva de los ciudadanos, abonando el campo social para el surgimiento de toda clase de fenómenos insanos socialmente y, en este caso, obstaculizadores de la imprescindible integración regional suramericana.

3. Nos toca sacar de su ignorancia al señor Espejo e informarle que no existen personas “ilegales”, la Ley ampara, rige y sanciona los actos de todas las personas, nadie es per se “ilegal”; lo que hay son personas en situación documentaria irregular.

4. por cada inmigrante en Chile hay al menos dos chilenos en el exterior (Datos oficiales) y el intercambio migratorio beneficia neta e indudablemente a Chile en todas las esferas económicas y culturales. ¿Qué cree el señor Espejo que ocurriría con el sistema de salud pública de Chile, si “deportando” a los 300 mil inmigrantes, como propone, tuviéramos que recibir en cambio a los cerca de 700 mil chilenos que residen y reciben salud pública en el exterior?

5.Le informamos al señor Espejo, que en los consultorios públicos de Santiago, donde la “población nacional” (que a usted parece preocuparle) necesita más la salud pública, justamente allí, más de la mitad de los médicos son inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos peruanos.

6. A pesar de ser abogado de profesión, el señor Espejo ignora con sus declaraciones, que la Constitución Política del Estado de Chile establece, sin distinciones de nacionalidad, que es deber del Estado “asegurar el derecho de las personas a participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional” (art. 1), ello incluye el derecho a la “seguridad social”, en que la “acción del Estado estará dirigida a garantizar el acceso de todos los habitantes al goce de prestaciones básicas uniformes, sea que se otorguen a través de instituciones públicas o privadas” (Art. 18). Es decir, que, ninguna autoridad política, ninguna, está facultada para negar a criterio personal este derecho, violando la Ley. Más aún cuando diversos Tratados y Pactos internacionales suscritos por Chile, como miembro legítimo de la comunidad internacional, lo obligan (Art. 5 de la CPE).

7. Más que nunca se hace necesario a los inmigrantes en Chile informarse y hacer valer sus derechos, y ejercer su ciudadanía, especialmente su derecho a elegir y ser elegidos (en elecciones locales) en votaciones populares. En los últimos 20 años, hasta 20.000 electores extranjeros han ejercido su voto (Datos oficiales). Pero están habilitados para hacerlo (con 5 años de residencia regular continua en Chile y otros requisitos. CPE Art. 14) cerca de 80.000. Llamamos a todos ellos a informarse y hacer valer su derecho a voto descartando a los sectores políticos y candidatos anti-inmigrantes y xenófobos, y favoreciendo a los que promueven la integración y el respeto a todas las personas. Solo haciéndonos concientes y haciéndonos valer como fuerza electoral, los inmigrantes lograremos el respeto ciudadano ante quienes carecen de mínima ética y humanidad.

8. Llamamos a todos los sectores democráticos del país a lograr la promulgación de la Ley anti discriminación que deambula en el Congreso desde 1998 y que permitiría sancionar estas declaraciones irresponsables y anti éticas como lo que son en todas las sociedades democráticas desarrolladas: delitos.

Santiago de Chile, 9 de octubre de 2010
SECRETARÍA CIUDADANA DE MIGRANTES EN CHILE

Miguel Enríquez y la utopía revolucionaria

Hace 35 años, Miguel Enríquez cayó combatiendo a la dictadura chilena

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final/Rebelion

“ La utopía está en el horizonte. Caminamos dos pasos, ella se aleja
dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces
para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.
Eduardo Galeano

El sacrificio de intereses personales, capaz de alcanzar el heroísmo en defensa de ideales y convicciones políticas, ya no existe en Chile. Sus últimas manifestaciones desaparecieron durante la larga jornada que comenzó con La Moneda en llamas y que se prolongó 17 años en desigual lucha contra la dictadura. La resistencia al terrorismo de Estado costó las vidas de miles de chilenos. La tortura, la prisión y el exilio se abatieron sobre muchos más. La derrota, el temor, la desilusión y las traiciones hicieron lo suyo.

El país cayó en el abismo al que lo empujó el neoliberalismo reforzado por una pandilla de generales. Enseguida vino la interminable transición a la democracia y con ella, el cambio de piel de partidos que ayer fueron democráticos pero se convirtieron en fieles administradores de la herencia económica, social y cultural de la dictadura. El país fue reeducado en el olvido, generador de los vergonzosos niveles de ignorancia política que exhibe hoy. En las tinieblas del atraso político -que esconde una espantosa desigualdad social- quedaron la historia, la identidad y hasta el alma del país. Chile se hizo ajeno a América Latina e indiferente a sus luchas que ayer también fueron las nuestras.

Sin embargo, esto no será eterno y es ley de la vida que debe cambiar. Llegado el momento de levantar un nuevo proyecto de liberación económica, política y social, Chile evocará a sus héroes. Allí estará el legado de sus ideas que permitirán abrir las “grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. En ese momento de ardiente creación colectiva, junto a la sombra inspiradora de Salvador Allende estará la de Miguel Enríquez, el joven revolucionario al que recordamos en este aniversario de su muerte. Ambos son ejemplos de valor y de resuelta disposición a entregar la vida -que amaban apasionadamente- por sus ideales. Ellos dejaron una herencia preciosa: sus ideas revolucionarias que en esta hora de América Latina vuelven a convocar a la militancia y a la acción.

Un jefe de revolución

Photobucket


Hace 35 años -en la tarde del 5 de octubre de 1974-, Miguel Enríquez Espinosa cayó combatiendo a la dictadura. De 30 años, médico, nacido en Concepción, Miguel era secretario general del MIR desde 1967. Se negó a salir al exilio después del golpe militar, cuando muchos compañeros se lo pedían para proteger a un cuadro excepcional. Pero él prefirió sumergirse en la clandestinidad. Afrontando enormes dificultades se dedicó a organizar un movimiento de Resistencia Popular. Su incesante actividad fue dejando huellas, que finalmente condujeron a los servicios de seguridad hasta su refugio en la calle Santa Fe de la comuna de San Miguel. Allí, junto a su compañera, Carmen Castillo Echeverría -que fue capturada herida-, y a otros dos camaradas -Humberto Sotomayor y José Bordaz, que lograron huir-, se enfrentó a las fuerzas represivas. Su negativa a rendirse sólo terminó con la muerte. Su cuerpo desnudo y destrozado fue entregado al día siguiente -por mediación de un obispo católico- a sus padres. “Tenía diez heridas a bala. Una de ellas, la última, le entró por el ojo izquierdo y le destrozó el cráneo”, relató su padre, el doctor Edgardo Enríquez Frödden.

El 7 de octubre a las 7.30 de la mañana, sólo ocho miembros de la familia fueron autorizados para sepultarlo en el Cementerio General de Santiago. Un destacamento de carabineros vigilaba de cerca. “Miguel Enríquez Espinosa, hijo mío”, dijo su madre con voz entera en el momento en que depositaba el único ramo de flores permitido, “hijo mío, tú no has muerto. Tú sigues vivo y seguirás viviendo para esperanza y felicidad de todos los pobres y oprimidos del mundo”(1). El 15 de agosto de 1965 Miguel fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y pasó a dirigirlo dos años después. Era respetado no sólo por sus camaradas, sino también por muchas personas con las que tuvo fuertes polémicas. En esos debates -a pesar de su juventud- demostraba amplio conocimiento de los temas y capacidad para exponer con claridad sus ideas.

Ya a los 17 años Miguel organizaba movilizaciones en Concepción en defensa de la Revolución Cubana, cuando la invasión imperialista de Playa Girón. El proceso que forjó su liderazgo y que trazó la identidad del MIR se inspiraba en la formación política y armada de sus militantes, y estuvo muy influido por Cuba revolucionaria. Es efectivo lo que dijo un dirigente del Partido Comunista de ese país, en 1974: “Quizás si en la personalidad revolucionaria de Miguel Enríquez, en el fuego juvenil de los combatientes del MIR, e incluso en la intransigencia revolucionaria que les caracterizaba y que en ocasiones nos hacía desear que adoptaran mayor flexibilidad ante las situaciones políticas concretas, está sin embargo una de las más nítidas imágenes de la influencia de Cuba en el movimiento revolucionario latinoamericano”(2).

La forma en que la dirección del PCC valoraba a Miguel se refleja en ese discurso de Armando Hart. Compara al revolucionario chileno con héroes del asalto al Cuartel Moncada y de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Fulgencio Batista. “Para transmitir al pueblo cubano -dijo Hart- una imagen de su personalidad, de su significación, de lo que él representa para el futuro de Chile, recordemos nombres como los de Abel Santamaría, José Antonio Echeverría y Frank País”. Y añadió categórico: “Miguel Enríquez no había dado de sí todo lo que era capaz de dar. Si se le mide por lo que ya era, hay que destacar, sin temor a que el sentimiento o la emoción nuble el razonamiento, que en Miguel Enríquez despuntaba un jefe de revolución”. Es cierto, Miguel -después de la heroica muerte de Salvador Allende en La Moneda- representaba la posibilidad de construir un nuevo liderazgo revolucionario que recogiera la lección que dejaba la conspiración para derrocar a Allende fraguada por la derecha, la Democracia Cristiana, el imperialismo y las fuerzas armadas. El liderazgo de un jefe capaz de conducir las acciones armadas, políticas y sociales para derrocar a la dictadura e iniciar la construcción de una sociedad democrática y socialista.

El país que cambió

Hace 35 años esa esperanza se tronchó con la muerte de Miguel Enríquez. La brutalidad del terrorismo de Estado y los devastadores efectos culturales del modelo neoliberal, frustraron los intentos de la Resistencia Popular y del Frente Patriótico Manuel Rodríguez por cultivar la esperanza revolucionaria. Pero en definitiva, la dictadura fue obligada a regresar a sus cuarteles. La iniciativa política quedó en manos de los sectores burgueses que venían siendo preparados para la transición por el Departamento de Estado norteamericano y la Socialdemocracia europea. El Chile de hoy es un país muy distinto al de Allende, Miguel y los miles de héroes y mártires de la Izquierda chilena. La solidaridad, soporte de los sueños colectivos y de la conciencia del deber social -que en Chile había alcanzado altas cimas-, ha desaparecido casi por completo. El país carece de una utopía que permita unir y movilizar las fuerzas para avanzar hacia el horizonte de justicia social. El pueblo chileno es tratado como un rebaño de ovejas que se resignan a cumplir ese papel. Se encuentra a merced de la oligarquía que maneja sus sentimientos y expectativas a través de los medios de comunicación. Ha quedado sin capacidad crítica, carente de participación y sin voluntad política para remover los obstáculos que impiden alcanzar una plena democracia. El actual período electoral, que permite cierto grado de atención a temas barnizados de política, prueba el empobrecimiento del ciudadano en tanto agente activo y crítico del desarrollo democrático.

Los candidatos con posibilidades de victoria -consagrados en esa condición mediante la complicidad de mañosas encuestas y manipulaciones de la prensa oligopólica-, representan más de lo mismo. Ninguna propuesta toca el corazón del sistema. Ninguno se compromete con una Asamblea Constituyente que elabore una Constitución democrática. Ninguno plantea medidas que hieran los poderosos intereses nacionales y extranjeros que controlan la economía. (En este punto cabe una digresión. Como consecuencia de la crisis capitalista que ha dejado en evidencia la incapacidad del mercado para autorregularse, los administradores del sistema comienzan a eludir responsabilidades. Se escucha nada menos que al ex presidente Ricardo Lagos criticando al neoliberalismo, aunque el suyo fue uno de los gobiernos más neoliberales del mundo. Lo mismo sucede con la presidenta Michelle Bachelet que habla del “fin del paradigma neoliberal” y reivindica el rol del Estado. Sin embargo, su gobierno no ha hecho otra cosa que respetar las reglas de juego del neoliberalismo. Por último, el candidato presidencial de la Concertación, Eduardo Frei, reclama “Estado y más Estado”, pero su gobierno privatizó el agua potable, los puertos, etc.).

Ninguno de los candidatos creados por los titiriteros de la política hace mención a los escandalosos privilegios de las fuerzas armadas, sus descomunales gastos en armamentos y sus excepcionales regímenes de previsión, así como al peso determinante que siguen teniendo en la conducción del país. Ningún candidato responde a las demandas del pueblo mapuche. Ninguno se compromete con una solución a la justa demanda de Bolivia de una salida soberana al mar. Ninguno plantea terminar con las AFPs, ni se pronuncia por una salud y educación públicas. Tampoco por renacionalizar el cobre -de nuevo en manos extranjeras-, ni por nacionalizar la banca e impulsar una reforma tributaria de verdad. Los vacíos -y silencios- son enormes en los programas de los candidatos presidenciales. Así lo demostró el mediocre “debate” televisivo reciente. Es imposible encontrar en sus discursos ni el atisbo de un proyecto de sociedad más justa. De una u otra manera, se declaran continuadores del gobierno de Bachelet, incluyendo al aspirante derechista. El futuro gobierno será por lo tanto, continuista en su esencia.

Pero hay un futuro…

Demasiado tiempo ha perdido la Izquierda en reconstruir la utopía de este tiempo. Se ha enredado en minucias y discusiones estériles, atrapada entre un discurso reformista y parlamentarista y una lluvia de consignas dogmáticas, sin contenido, que producen más rechazo que adhesión. Se han puesto en primer plano los intereses de partidos, grupos y personas. Así se ha conseguido anular las posibilidades de un proyecto común y dispersar todavía más las escasas fuerzas. Una parte de la Izquierda se ha contaminado del pragmatismo de la contracultura neoliberal. Ha terminado por aceptar, en los hechos, que la lucha por el socialismo no tiene viabilidad en Chile y que éste es un tema anticuado, propio de soñadores. Ha renunciado en la práctica a presentar una propuesta de carácter socialista que permita elevar el contenido del discurso político. Y esto, mientras el capitalismo atraviesa una profunda crisis y la depredación del planeta pone en juego la vida de la especie humana. Chile se derechiza mientras en América Latina hace camino una corriente socialista que ya es gobierno en varios países. El socialismo del siglo XXI plantea propuestas para nuestra época. La integración económica, la cooperación energética, la Alianza Bolivariana por los Pueblos de Nuestra América (Alba), el Banco del Sur, etc., son las herramientas de ese proyecto que avanza.

Tomar conciencia de que vivimos una época favorable para la utopía revolucionaria, debería promover en Chile la reconstrucción de una Izquierda en lucha por cambios profundos y radicales. Ese era el objetivo por el que los revolucionarios de ayer estuvieron dispuestos a entregar sus vidas. Como Allende, Miguel y tantos más.

Notas

(1) Discurso del Dr. Edgardo Enríquez (1912-1996), ex director del Hospital Naval de Talcahuano, ex rector de la Universidad de Concepción, ex ministro de Educación del presidente Allende, en la inauguración del Hospital Clínico Miguel Enríquez en La Habana, 1975. La madre de Miguel fue la señora Raquel Espinosa Townsend (1913-2003).

(2) Armando Hart Dávalos, miembro del buró político del Partido Comunista de Cuba, en el acto de homenaje a Miguel en el Teatro Lázaro Peña de la Central de Trabajadores de Cuba, 21 de octubre de 1974. En el mismo acto habló Edgardo Enríquez, hermano de Miguel, miembro de la comisión política del MIR. Detenido en Buenos Aires por la Operación Cóndor el 10 de abril de 1976, desde entonces es un desaparecido.

(EDITORIAL PUNTO FINAL, 695, octubre 2009)